La Bodega

Insertada en el paisaje vitícola como una presencia a la vez prehistórica y contemporánea, la bodega se revela primero a través de su relación con el suelo, la luz y el tiempo. Más que un simple lugar de producción, ofrece un recorrido, una experiencia sensorial donde la arquitectura acompaña el gesto del vino y el ritmo del día.

El alma

De la masa ondulante de los viñedos emerge una larga construcción de piedra encalada, una naveta contemporánea con el tejado inclinado, un túmulo en homenaje al vino. A pesar de tanta mineralidad, se percibe una extraña sensación de movimiento: ¿la parte visible de la bodega es levantada por las entrañas de la tierra, o se ancla en ella como un barco varado?

El arte

Recorrer este misterioso monolito para penetrarlo y refugiarse del calor. Descubrir un interior espacioso e insospechado, organizado por y para la vinificación, descendiendo al frescor de sus bodegas. Los volúmenes abovedados se suceden, albergando los espacios de trabajo, las cubas, las bodegas y los toneleros de la bodega.

Y cuando el día llega a su fin, subir al techo, al nivel de la proa, para observar cómo las estrellas reemplazan al cielo que se tiñe de rojo a lo lejos hacia Mallorca.